Erase una vez

Erase una vez que se era había una pequeña villa romana donde el tiempo y los siglos hicieron de ella escombros sepultados esperando otro destino. De ella nació un convento, El de la Encarnación de que tampoco quedara ni rastro. De nuevo, sobre todo ello nació el Mercado, el de la Encarnación, donde los placeros hicieron del el es mas recoleto y bello de la ciudad...


Que tiempos aquellos, esa era otra Sevilla, otro centro donde había mas vida, una vida especial, la de aquellas personas que crecían y vivían en el mismo centro de la ciudad.
Recordemos que la imagen que vemos del mercado fue la de su segunda etapa de vida, pues el mercado ocupaba antaño toda la plaza llegando frente a la mismísima desembocadura de Puente y Pellón.
Pero claro, después llego el cierre del mercado por el mal estado del mismo, ¿arreglarlo? pues no, los dueños de El Corte Ingles habían realizado una gran inversión en la ciudad y una de las condiciones era que el solar del mercado fuera utilizado como aparcamientos para los clientes de este centro comercial, pero ni por esas. El solar fue ocupado como cocheras de Tussan y luego llegó lo que llamaríamos como Las Setas...


¿un proyecto increíble?, si, ¿el lugar indicado?, pues no, y si hablamos de lo que ha costado pues apaga y vamonos, ojo todo esto de manos de un Ayuntamiento socialista cosa que manda narices si pensamos en los principios de este socialismo hoy en día puesto tan en boca...


El caso es que siempre pierden los mismo, Sevilla y los sevillanos.

Elena Martinez Anaya

1 comentario:

Angerona dijo...

Mucho ha cambiado mi querida Encarnación con el paso del tiempo. Su mercado con aquella fuente en su fachada de la diosa Ceres que parecía dar la bienvenida y a la que veía desde muy abajo, por ser yo entonces muy chica, su plaza coqueta e íntima, lugar de citas de tantas y tantas tardes...Imposible retener una lágrima ante la monstruosidad que hoy en día hay plantada en tan querido lugar.
Muchos cambios ha tenido La Encarnación, sólo espero poder ver uno más: el que venga después, cuando esa setas-venenosas- ya no estén.